El Mendigo

Ocho de la mañana,
uno con veinte en el plato,
el mendigo mira al cielo,
se incorpora aún con ganas,
le peina a Sultán el pelo
y bebe el café barato.

En la puerta de la escuela,
un Jaguar para deprisa
y un niño baja del coche.

Aún en la duermevela,
baja sin una sonrisa
y esconde su cara en la noche.

Ayer con mucha cautela
vió desde la cornisa
a su padre hecho un fantoche

y a su madre con dos muelas
por el suelo hechas trizas:
su impotencia es un derroche.

El mendigo abre su lata
y escoge una buena colilla.
Prende al pasar por su barba
su penúltima cerilla
y hace una O en el aire
con Sultán en las rodillas.

Es domingo, compañero,
le dice dándole un beso,
y aunque estemos sin dinero,
yo no miento, ¿non è vero ?:
Hoy tendrás un noble hueso
pues tú eres lo primero.

Son las ocho de la tarde.
y sale de la oficina
un hombre con mucha clase
vistiendo con gabardina.

Se lleva la mano al pecho,
ha vuelto el conato de infarto
y se apoya en una esquina.

El dinero que le ensalza,
el estrés que le asesina,
echa cien euros al plato,
que para él son propina,
envidia a mendigo y a perro
y al amor que se destilan.

El mendigo mira a Sultán
y este asiente poco a poco.
¿Quién es más loco al final,
en este mundo de locos?

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