A ÁLVARO DÍAZ BALLESTA (o ¡qué carajo es una siesta!)

De día eminente letrado 
con su chaqueta y corbata 
entre pleitos y batallas,

de tarde padre agobiado 
que se toma seis cubatas 
por no tirar la toalla...: 
No paran de darle la lata 
sus tres queridos canallas.

Tranquilo con el mayor,
le dio por pedir otro al cielo, 
y puestos a hacerle el favor 
le mandaron dos gemelos, ... 
y de un caldo sin sabor, 
tiene una olla al vapor
con caldo, lacón y grelos.

Cuando llega al fin la noche 
y sus vástagos descansan, 
le pone al día su broche,
y cantando es un derroche 
con su guitarra y su chanza.

Y yo estoy del todo seguro, 
aunque aún nadie lo sabe, 
que buscaría dos canguros, 
que quemaría sus naves, 
que cruzaría al lado oscuro 
y llegaría hasta el Hades,
y aunque no le den un duro, 
aunque Arturo no le pague, 
él vendería su futuro
por currar tocando en bares 
cantando allí sin apuros
por Springsteen o Mick Jagger.

¡Y si al final soy perjuro, 
que la cerveza se acabe!




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