Era un tío disciplinado, dispuesto siempre pa todo, a una sonrisa pegado, y que callaba por los codos Una alegría en los ojos tenía siempre que hablaba, a veces tornaba rojo... cuando el aire le faltaba, y hacía unas papas con mojo de esas que emocionaban Era, junto con Rafa el más sabio del lugar, abría despacio sus gafas y las volvía a plegar mientras como una jirafa veías su cuello estirar, y su arte, por garrafas empezabas a escuchar Disfrutaba lo que hablaba ya fuera de esto o aquello, sus ojos se dilataban, también las venas del cuello Si me hablaba del desierto yo lo veía en destellos, cerraba mis ojos, es cierto y es que veía los camellos Una grata compañía, un santo entre tanto demonio, un tipo cuya alegría te ayuda contra el insomnio, alguien que merecía mucho mejor testimonio, un crack del que siempre te fías ese es mi amigo Antonio

