A Víctor Küppers, 50º (o el declive de Marvel)

Hace un montón de tacos
y en una lejana aldea, 
marcha Olaf a por tabaco, 
por viagra y por jalea, 
vuelve a casa liando el taco, 
camina y se tambalea,
se toma el afrodisiaco, 
coge a Erika en la azotea, 
le pega dos arrumacos
y piensa: ¡Que un niño sea!

Y hoy hace cincuenta años 
que el Küppers vino al mundo. 
Un niño de pelo castaño
que tornaba a rubicundo,
se caía por los peldaños, 
siempre llegaba el segundo,
y tenía un poder extraño, 
inusual y tremebundo.

Su madre, que vio Supermán 
en la peli de la tele 
levantando camionetas,

cuando supo la verdad
casi le dio un telele
y lo mandó a hacer puñetas.

¡Madre, ...no levanto nada,
no vuelo y mi capa no brilla, 
Marvel ya está desfasada...
yo, madre, enciendo bombillas! 

Y esa madre defraudada, 
viendo qué le esperaba,
le espetó muy cabreada:
¡Vaya crack de pacotilla!

Pero luego, con el tiempo,
el vikingo sí triunfó.
Se agotaban los asientos
y siempre el teatro llenó.
Y desde enero hasta adviento, 
te prometo y no te miento 
que todo el aforo vendió: 
Nadie con menos talento 
nunca tan lejos llegó.

Mas como él siempre dijo, 
tan sólo jugó las cartas 
que recibió en la partida.

Fue en motivarnos prolijo 
y no cometió una falta 
desde la misma salida.

De cerca ya no ve un pijo,
y sus virtudes exalta
aunque el tío ya ni se cuida.

¡50 tacos!, buen trabajo, 
que sigas siendo un querube, 
¡Feliz Cumpleaños, Salud!

Te hago llegar tu legajo. 
Quizás cuidar lo que tuve 
sea mi única virtud...

23 de mayo de 2020


			
		

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