Fui un firme defensor de tu sonrisa, del modo en que tú siempre te reías, de la forma en que solos y sin prisa, cada noche me decías que me querías Fui un firme seguidor de tu cintura, de tus brazos, de tu falda, de tus piernas. de las tardes en la playa sin premura, de la sal sobre tu espalda sempiterna. Y ahora cada noche al acostarme, bendigo esos retazos y recuerdos, en brazos de Morfeo puedo quedarme y sé que aún son mios cuando despierto.

