MARDITOS ROEDORES (a nuestr@s hij@s)

Supongo llegará un día
en que el cuarto esté vacío, 
se haya ido la alegría
y también el griterío,

los libros en los estantes
y, según su vida media,
el peluche de elefante
que se trajo de la feria, 
aquél dónde tu le ayudaste 
pues le colgaban las piernas.

Sus camas siempre hechas, 
sus juguetes donde siempre, 
de ropa vacía las perchas
y en el espejo de enfrente 
una figura maltrecha
que tiene miedo al presente.

Llegará un día un día,
y eso a ciencia cierta 
seguro también lo sabes 
en que ya nadie, alma mía, 
entrará por esa puerta
y querrá wifi ni clave.

Un día mis hijos se irán
o al menos eso espero. 
Mucho peor sería el plan
de darles con 30 puchero. 

Con la guerra que ahora dan 
hoy tuve un acto sincero, 
compré un papel celofán
y les recorté un ¡Te Quiero!

Allí en la cocina lo tengo..., 
pues ambos se iban de casa: 
¡Papá, ahora no tengo tiempo, 
mejor mándalo por whatsapp!

Deja un comentario