Supongo llegará un día en que el cuarto esté vacío, se haya ido la alegría y también el griterío, los libros en los estantes y, según su vida media, el peluche de elefante que se trajo de la feria, aquél dónde tu le ayudaste pues le colgaban las piernas. Sus camas siempre hechas, sus juguetes donde siempre, de ropa vacía las perchas y en el espejo de enfrente una figura maltrecha que tiene miedo al presente. Llegará un día un día, y eso a ciencia cierta seguro también lo sabes en que ya nadie, alma mía, entrará por esa puerta y querrá wifi ni clave. Un día mis hijos se irán o al menos eso espero. Mucho peor sería el plan de darles con 30 puchero. Con la guerra que ahora dan hoy tuve un acto sincero, compré un papel celofán y les recorté un ¡Te Quiero! Allí en la cocina lo tengo..., pues ambos se iban de casa: ¡Papá, ahora no tengo tiempo, mejor mándalo por whatsapp!

