Beethoven no superó a D. Julio Leal Gordito, y no es que lo diga yo, a las pruebas me remito. No llegó el Maestro de Bonn con el arte de sus manos, ni a acercarse de refilón al Genio de Montellano. De acuerdo que hizo piezas que son parte de la Historia, que lo suyo fue una proeza y que es merecida su gloria. Pero Ludwig no mantuvo a una familia de siete, ni salía en cielo oscuro a montarse de paquete, Y a las seis de la mañana coger dirección a Sevilla sentado en una tartana para sentarse en su silla. Ni nunca peló la pava con la chica de su edad que en su casa disfrutaba de envidiada libertad. Ni aguantó bajo la lluvia soñando con unas enaguas, tonteando con su rubia a resguardo de un paraguas. Hay que ser todo un figura, como seguro que ha sido, para en esta vida tan dura mantener tan cerca el nido: Todos los hijos currando, y a menos de dos manzanas tenerlos a todos a mano cualquier día de la semana. Hay que caer en agrado con esa sonrisa angelada, para quedarte tirado en carretera apartada, y a un cazador acostado, que el fútbol por fin miraba llevarlo al coche aparcado pa ́ que echara una mirada, y una vez lo ha arreglado te diga: ¡No ha sido nada! Esta es la historia de un hombre que, seguro de su sino, permítanme que me asombre, disfrutó siempre el camino. No, !Beethoven no lo igualó! Y si alguno quiere apuesta, siempre me asombraré yo del que dirige una orquesta; pero hay que ser un Señor, para que haya una fiesta de críos por el comedor, y a ti te respeten la siesta.

