A ROSA MARI ALMUEDO (o con media mirada vale)

 Polvorilla de ojos vivos,
 una sonrisa en su mueca,
 con cinco crías en el nido,
 nunca sus alas ahueca.
 
 Se fijó desde pequeña
 en un pianista risueño,
 él salía en busca de leña
 y ella guardaba los leños.
 Hay gente que sólo sueña
 y otros le ponen empeño.
 
 Desde el lunes hasta el jueves
 con sus cinco churumbeles
 a la playa baja sola…,
 los sienta allí como puede
 y al abrigo de las olas,
 allí pierde el que se mueve
 … sólo hay una cacerola.
 Nada a nadie ella le debe,
 quizás algo a San Cristóbal.
 
 Tiene pinta de sagaz,
 y sientes cuando te mira
 que sólo usa la mitad…,
 que pa´ ver a los demás
 con un vistazo es capaz,
 y de forma perspicaz
 recoge de forma audaz
 lo importante de verdad
 y lo que no importa lo tira.
 
 Ya hubiera querido yo
 poder tener su mirada,
 su energía, su candor,
 y ya puestos… por favor,
 el toque de esa fabada.
 
 Hay filósofos y sabios 
 que estudian toda una vida,
 y Rosa Mari, despacio,
 les ganó al final la partida.
 

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