Se mesa su tibio flequillo y fija bien los talones. Aunque no es ningún chiquillo por fin le echó dos cojones y ya está en el tee amarillo mientras caen los goterones. Se acerca despacio a la bolsa y coge su hierro nueve. Apuntando entre los bunkers lo más afinado que puede y casi no ve ni la bola de lo fuerte que ahora llueve. Qué sensación más extraña y agradable cual ninguna, gustarle a uno un deporte, poder jugar en su cuna. Mas al final se despierta y se incorpora en la cama, dejaron su puerta abierta mientras su sueño soñaba. Mientras sabe a ciencia cierta que pierde el que no lo intenta y se queda con las ganas. 27 de abril de 2012


