A MI MADRE (al quite)

      Me lavaba de chiquillo,
      me quitaba las legañas,
      me atusaba mi flequillo,
      me decía: ¡No se engaña!

      Por esta jodida vida
      me guiaba de la mano,
      y ya desde la salida
      me hizo mejor ser humano

      Y darte las gracias siempre
      por esa infinita paciencia.
      Lo que tú has hecho por mi
      debiera estudiarlo la ciencia.

      Ese altruismo tan puro,
      ese dar sin pedir nada,
      ese velarme la fiebre 
      tantísimas madrugadas.

      Ese ¡No vuelvas tarde!,
      ese ¡Ponte a estudiar!,
      ese ¡Espérate dos horas
      para poderte bañar!

      Gracias por que yo siempre
      tuve un plato de sopa,
      y a la hora que fuera
      allí estaba limpia mi ropa. 

      Por eso en los tiempos chungos,
      cuando tú me necesites,
      no lo dudes ni un segundo,
      que yo estaré siempre al quite.

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