Me lavaba de chiquillo,
me quitaba las legañas,
me atusaba mi flequillo,
me decía: ¡No se engaña!
Por esta jodida vida
me guiaba de la mano,
y ya desde la salida
me hizo mejor ser humano
Y darte las gracias siempre
por esa infinita paciencia.
Lo que tú has hecho por mi
debiera estudiarlo la ciencia.
Ese altruismo tan puro,
ese dar sin pedir nada,
ese velarme la fiebre
tantísimas madrugadas.
Ese ¡No vuelvas tarde!,
ese ¡Ponte a estudiar!,
ese ¡Espérate dos horas
para poderte bañar!
Gracias por que yo siempre
tuve un plato de sopa,
y a la hora que fuera
allí estaba limpia mi ropa.
Por eso en los tiempos chungos,
cuando tú me necesites,
no lo dudes ni un segundo,
que yo estaré siempre al quite.