
Yo recuerdo a don Enrique en el cinco de noviembre, un profe que vino de Oviedo, que entre calada y palique, como hilos en la urdiembre nos manejaba en sus dedos, su aspecto de bolchevique, y desde el primer trimestre un sabio entregado a los legos, yo espero lo santifiquen, disculpen que lo remembre; pero lo hago ahora que puedo, pues oliendo a Lucky Strike nos enseñó a J. Sender, a Borges, Gogol y Quevedo.

