A Alicia Sánchez (o subiendo peldaños con Claudia)

Cuando cambió de colegio
mi hija anduvo algo sola,
subía con su porte regio,
y haciendo como un sacrilegio
se colocaba en la cola

Y entonces hizo una amiga,
debían de tener cinco años,
hicieron muy buenas migas,
no se han hecho nunca daño,
y aquella amistad, qué fatiga,
perdura como oro en paño.
Me alegro, ¡Dios la bendiga
y queden muchos peldaños!

Alicia hace caso omiso
de aquello que la dirija,
encuentra el modo conciso
de escapar por la rendija,
el conejo anda sumiso, y 
no hay reloj que ya le aflija,
pues firmó un fideicomiso
antes que ella se lo exija.

Arriba, en el tercer piso,
tenemos nuestra otra hija.
(Esto escribí de improviso,
y que el tiempo lo colija).


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