Asomado a una ventana, la vida de Aurelio pasaba. Y él miraba a su través siempre contento y con ganas. Ya lloviese o escampara. Esa ventana de Aurelio y el cristal que le ponía le hacía no caer en el tedio, y así disfrutar cada día. Si un día en mi casa yo, nuevas ventanas pusiera, llamaría a Aurelio Sot pa´ que hiciera una vidriera, y siempre entraría el sol aunque en la calle lloviera.


