A Enrique, 56 (o el orgullo de Darwin)

Si un día bajara a este mundo
un ovni o platillo de esos
para elegir un oriundo
que fuera allí arriba Maeso,
no dudaría un segundo,
no tomaría un receso,
mi veredicto rotundo
es del Madrid más profundo
y solo dispone de anverso.

Allí por donde Pozuelo,
donde la sede del Ono,
Teigell, el mejor consuelo
de los que salimos del mono,

Sencillo, educado, cabal,
pendiente y comprometido,
comensal de buen palique,

Monastrell, mencía y bobal,
y compartir un El Nido,
Feliz Cumpleaños, Enrique.

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