AL FINAL DEL SENDERO (con tres versos cogidos a Manuel Alcántara)

 A la sombra de una barca
 me quiero tumbar un día,
 a repasar muy tranquilo
 cómo me ha ido la vida.
 
 Esta vida tan extraña,
 bella y dura por igual,
 estas sombras y estas luces
 que vienen sin manual.
 
 Quisiera hacerlo a tu lado,
 si a ti eso no te molesta;
 estaré allí frente al mar,
 vente después de la siesta.
 
 Tendré una botella de vino
 fresquito, y un par de copas,
 debajo de aquél espigón,
 escondido entre las rocas.
 
 Allí tumbados los dos,
 repasaremos un poco
 lo bien que lo hemos pasado
 en este mundo tan loco.
 
 Y tú, como Scaramouche,
 traerás el don de la risa,
 y yo miraré a tus ojos,
 despacio, sin mucha prisa.
 
 Repasaremos los años
 que te has pasado a mi vera,
 mi amiga, mi hombro, mi piel,
 mi más grande compañera.
 
 Después volveremos a casa
 los dos por la orilla andando,
 por la mar chica del puerto
 nos estaremos besando.
 
 Y yo estaré ya tranquilo
 de habértelo dicho todo:
 que yo no hubiera podido
 sin tú ahí codo con codo.
 
 Fue para mi un regalo
 caminar este sendero
 con la mejor compañera
 que hubo en el mundo entero.
 

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