A la sombra de una barca me quiero tumbar un día, a repasar muy tranquilo cómo me ha ido la vida. Esta vida tan extraña, bella y dura por igual, estas sombras y estas luces que vienen sin manual. Quisiera hacerlo a tu lado, si a ti eso no te molesta; estaré allí frente al mar, vente después de la siesta. Tendré una botella de vino fresquito, y un par de copas, debajo de aquél espigón, escondido entre las rocas. Allí tumbados los dos, repasaremos un poco lo bien que lo hemos pasado en este mundo tan loco. Y tú, como Scaramouche, traerás el don de la risa, y yo miraré a tus ojos, despacio, sin mucha prisa. Repasaremos los años que te has pasado a mi vera, mi amiga, mi hombro, mi piel, mi más grande compañera. Después volveremos a casa los dos por la orilla andando, por la mar chica del puerto nos estaremos besando. Y yo estaré ya tranquilo de habértelo dicho todo: que yo no hubiera podido sin tú ahí codo con codo. Fue para mi un regalo caminar este sendero con la mejor compañera que hubo en el mundo entero.

