Se pertrecha tras sus gafas, se monta en su Dacia rojo, y anda como una jirafa que va oteando a su antojo. Del deber nunca se zafa y nunca la vi un enojo. Trabajando con enfermos los asiste, vela y cuida, de primavera al invierno va siempre sanando heridas, un cafelito en un termo, de lotería abastecida, y yo soy deudor eterno pues un día me salvó la vida. Siempre pegada a su Andrés como chuches en un frasco, su Moraleja en los pies; pero sus ojos son vascos, ¡Feliz cumple donde estés, Mariajo eskerrik asko!


