Un día un colega me explicó qué frágil es la línea divisoria que separa lo mejor de lo peor, la rutina, de vivir con ilusión, la apatía, de sentirse uno en la gloria Me decía, o así lo recuerdo yo... ¡Qué frágil que tenemos la memoria! Lo que ayer te hizo feliz hoy ya pasó, la alegría que sentiste se perdió, lo que un día te emocionó, ya es historia Y entonces me espetó el muy mamón con esa chanza suya tan notoria: El sitio es el que uno está mejor es justo donde empieza el escalón que se encuentra por debajo de la euforia

