... es escribir a alguien y que ese alguien te lea, que tus palabras le cambien y un poco más feliz sea. Esperar que un día un poema te llegue y al fin te acaricie, pues la fe nunca se pierde o al menos eso se dice. Buscar que encajen los versos, esperando en el trapecio, es un abrazo o un beso a la gente que yo aprecio. Y si algún poema extra lees de forma desabrida, piensa que quién se molesta en decir lo que se olvida, en vez de echarse la siesta, con la espalda ya dolida y con sus gafas de cerca te dio un poco de su vida. Que esto no es darle a la tecla, que hay que pensar las paridas.


