Tenía una mirada adusta, parece que pueda verlo, de esas personas que asustan porque así quieren hacerlo. Amaba las ciencias justas… o exactas, ya no me acuerdo. Tenía un Renault amarillo para ir al Sierra Blanca, separado del bordillo pá darle un empujoncillo por si un día no le arranca. Fue dura porque quería, por hacerse respetar, supongo porque estaría harta de tanta hombría y se buscó su lugar. El curso que yo aprobé, rozando ya la veintena, me di cuenta y comprobé que era una mujer buena. Me dijo: ¡Un seis con tres, se ha salvado de la quema! Espero espabile Usted, y le doy mi enhorabuena. En un vórtice del cielo hoy le rezan un responso, y ya se acabó el desvelo del bueno de don Alfonso.

