La Clase de Otilio

      A veces no puedo y me fijo,
      y veo comer a la gente,
      y calo rápido a los pijos,
      se les nota en el ambiente.

      El otro día observé
      cómo entraban elegantes,
      jefecillos de caché
      con pisacorbata y guantes.

      Uno por uno pasaban
      con aire altivo a mi lado,
      a ninguno saludaban
      Y pensé: ¡Vaya ganado!

      Y al poco entró un currito
      de los de mono y pintura,
      entró y cerró despacito
      y dijo con mucha soltura:
      ¡Buenos días!, ¡Buen Apetito!
      Quince puntos y sutura, 
      y a más de un jefecito
      aún la herida le supura.
      Como Messi en un metrito
      el tío les rompió la cintura.

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