A veces no puedo y me fijo, y veo comer a la gente, y calo rápido a los pijos, se les nota en el ambiente. El otro día observé cómo entraban elegantes, jefecillos de caché con pisacorbata y guantes. Uno por uno pasaban con aire altivo a mi lado, a ninguno saludaban Y pensé: ¡Vaya ganado! Y al poco entró un currito de los de mono y pintura, entró y cerró despacito y dijo con mucha soltura: ¡Buenos días!, ¡Buen Apetito! Quince puntos y sutura, y a más de un jefecito aún la herida le supura. Como Messi en un metrito el tío les rompió la cintura.


