Compré una corbata negra sabiendo que no la quería, y en esta vida tan perra la uso si el alma me legra la muerte de quien quería. La uso en señal de duelo, de cariño y de respeto, si hoy San Pedro en el cielo se vio en un tremendo aprieto, y sintió pena y canguelo mientras mudaba el careto por quien con tanto desvelo, cuando yo caía al suelo, me cuidó como un Gepetto. Qué trabajo más ingrato recibir a quien no esperas, tocar la campana a rebato por alguien bueno de veras, con aquel cariño innato y esa bondad tan sincera. Qué dicho aquel más sensato: ¡TE HARÁ LLORAR QUIEN TE QUIERA!


