Yo tuve una amiga muy rara que nunca estuvo a mi vera, me volvía a ratos majara y salía por peteneras. Pasaba de mí tres pueblos, y cuando ya me olvidaba, haciéndome otro requiebro me venía otra vez de cara. Entendí que era más lista, más libre y más asueta a nunca pasar revista e ir por la vida discreta. Y en los tiempos del despojo, cuando yo perdí mis fueros postrado en una camilla, guiñándome entonces un ojo la vi cambiándome el suero y darme un beso en la mejilla.

