Me recibía siempre ufano, vestido de anestesista, con su trato campechano quitaba carpetas y planos, y en su mesa de escribano me despejaba una arista. Boticario hiperactivo, motivador de soslayo, optimista por castigo y sanador de caballos. Por si un mal día las moiras lo hicieran cruzar el Hades, ya se sabe de memoria lo de las Cuatro Verdades, y domina la oratoria como Séneca o Melquiades. Cordobés y hombre de bien parece que queda alguno resguardado en mentideros, Si huyes del todo a cien y del tertuliano bajuno, vete a Cinco Caballeros Sabrás quién es por la sien, por su pinta de tribuno y por reírse el primero.

