Lo último que queda es la palabra, pues es lo que más fuerte te traspasa, lo que hace que la herida no se abra y lo que siempre te perfora la carcasa. Por eso cuando tú a alguien recuerdas, sus fotos van y vienen en cascada, pero siempre se agarran a tu izquierda, para que tu corazón nunca las pierda sus frases y palabras, ¡qué putada! Por eso yo, pensando en mis colegas, aquell@s que se salvan de la quema, siempre llevo a mano en la talega dos versos, cuatro ripios y un poema. Por eso si el Quijote cae al hoyo se rodea de sus amigos verdaderos, se junta con el cura y el barbero y el bueno de su amigo Sancho Panza, y ahora yo, disperso en el embrollo, valoro a quien me da un punto de apoyo, valoro a quien me dice: ¡Hay escollos; pero tú no pierdas nunca la esperanza!

