Siempre detrás de sus gafas te recibe una sonrisa. Siempre que puede te atiende sin pausa pero sin prisa. Con una cara de niño y hechuras de reposao, te recibe con un guiño, y al entrar ya te ha ganao. Aunque esté lleno el estudio, por un resquicio se asoma, sin prefacio ni preludio, él te atiende en cero coma. Reza un proverbio chino que un hombre que no sonríe no debe abrir una tienda. Yo voy a FOTO MARBELLA desde antaño, sine die, y a mí no me duelen prendas. Tu padre estará orgulloso de haberte enseñado todo y tener un buen relevo. Y saber que aquél mocoso que no le llegaba a los codos ya por sí remonta el vuelo.


