A Curro Miñana (o el orgullo del chino)

Siempre detrás de sus gafas
te recibe una sonrisa.
Siempre que puede te atiende
sin pausa pero sin prisa.

Con una cara de niño
y hechuras de reposao,
te recibe con un guiño,
y al entrar ya te ha ganao.

Aunque esté lleno el estudio,
por un resquicio se asoma,
sin prefacio ni preludio,
él te atiende en cero coma.

Reza un proverbio chino
que un hombre que no sonríe
no debe abrir una tienda.

Yo voy a FOTO MARBELLA
desde antaño, sine die,
y a mí no me duelen prendas.

Tu padre estará orgulloso
de haberte enseñado todo
y tener un buen relevo.

Y saber que aquél mocoso
que no le llegaba a los codos
ya por sí remonta el vuelo.

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