Por la ventana del cuarto en que dormía yo de crío, miraba yo a otros tantos encendidos como el mío. Soñaba con ver el mundo sin que siguieran mi pista, sin perder solo un segundo correrlo de arista a arista, y como el bueno de Edmundo fugarme de aquella isla. Hoy hecho la vista atrás y veo que aprendí muchas cosas. Salud, familia y amigos, lo demás...es una losa. Al final viajé yo tanto buscando el Santo Grial para acabar en el cuarto en que dormía de chaval. Y me tumbo recordando, mirando tranquilo al techo, los amigos que entretanto en estos años yo he hecho; y que siguen como Sancho a este Quijote maltrecho: si caigo, me van sanando y recogen mis pertrechos, Y de venta en venta, andando, me traen de nuevo a este lecho.

