La primera vez que hablamos ya estaba buscándome piso, me trato como un hermano, me dio su ayuda y me quiso. Y allí por José Laguillo se le caían las tarjetas, y escuchando el pinganillo me decía: ¡Ahí, Chaqueta! ¡Tenemos que ir rapidillo, la sobrina de Carrillo ya me espera en Las Piletas! Nunca vi a nadie currando con más tesón ni denuedo, yo, si he de serte franco, con ese ritmo no puedo. Y las prendas no me duelen ni tengo porqué echar flores. Yo en Arjona, siete y nueve pasé mis años mejores. Hoy tiene un Cajón del Tesoro de chocolates del loro en un rincón del altillo. Que sobrepasa el aforo y ella guarda con decoro con recuerdos a porrillo. Y aún no lo sabe el Frodo (mi Pepa tiene el anillo).

