Quijote y Sancho

No hay Sherlock sin Watson,
ni Dumas sin hugonotes.
No hay Jekyll sin Hyde;
sin Sancho no habría Quijote.

Don Alonso Quijano
asió un día su adarga
y montó en su rocín,
debería ser la del alba.

No se despidió de nadie.
Y se escurrió por la puerta
en busca de aventuras…
Frisaba los cincuenta

Pero no tardó mucho
en volver a su casa.
Si no llevas dineros,
suele ser lo que pasa.

Y en la segunda salida
tiró de un su vecino.
Caballero y escudero,
jumento y rocino.

Refranero y socarrón, 
escudero honrado.
¿Qué sería de su señor
si no fuera acompañado?

Gobernador siempre justo.
Profesión harto ingrata.
Al enemigo que huye…
la puente de plata.

Trato hecho Sr. Quijano:
le acompaño como  pide.
El azar nos sea propicio,
¡Dios nos de ventura en lides!

Juntos en sus andanzas
cruzan la piel de toro,
según cuenta Cervantes
o Cide Hamete el moro.

Esta extraña pareja
va encontrando por España
la razón y la locura,
la verdad y la patraña.

Tierra de malandrines, 
mentecatos y bribones;
envidia de mi vecino,
avaricia de doblones.

Malhechores a galeras,
el perro que muerde al amo
que le ha dado de comer
y luego esconder la mano.

Armada sin mando claro
que echa a perder su flota.
Pícaros allá do vieres,
nadar y esconder la ropa.

Y entre toda esta ralea
nuestra pareja dorada,
se va haciendo inseparable
sin apenas notar nada.

Quijote, España en esencia,
sinrazón y razón unidas.
La huella de tu valor
reflejado en tus feridas.

Faltan locos como tú
en este mundo de intrigas
que arremetan contra el mal
sin importarle una higa.

Hoy quiero daros las gracias
a ti y a Sancho Panza.
Aprendí que a quien se humilla,
luego va Dios y lo ensalza.

Si andáis juntos los dos,
sé de un encantador sabio
que podría haceros volver
a desfacer más agravios.

Sigue siendo menester
algún caballero andante
que no le importe un ardite
apresar a algún gigante.

Si esta inmortal pareja
de su escondite sale,
será cosa que me place,
verlos de nuevo. VALE

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