A Pilar Morero (o a salvo en la Reserva)

Con un pelo gris ceniza
que no lo despeina el viento,
como pintado con tiza
por algún pintor experto,
parece una sabia mestiza
que volviera al campamento,
andando siempre deprisa
como aquel Morero ancestro.

Con los ojos de su madre,
te escucha con atención,
haciendo todo un alarde
de no preguntarte de balde,
como un buen anfitrión.

Y en una calle escondida,
subiendo Valentuñana,
puede que un día coincidas
con esta especie perdida:
... (La buena samaritana)

Que yo ya creía perdida
y solo está conservada.

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