Con un pelo gris ceniza que no lo despeina el viento, como pintado con tiza por algún pintor experto, parece una sabia mestiza que volviera al campamento, andando siempre deprisa como aquel Morero ancestro. Con los ojos de su madre, te escucha con atención, haciendo todo un alarde de no preguntarte de balde, como un buen anfitrión. Y en una calle escondida, subiendo Valentuñana, puede que un día coincidas con esta especie perdida: ... (La buena samaritana) Que yo ya creía perdida y solo está conservada.

