Venía a rascarse la espalda cuando yo tenía un Despacho, cuando la guía aún se usaba y éramos dos muchachos. Congeniamos desde siempre, malagueño y sevillano, y aunque el móvil ya no atiende, yo lo llevo siempre en mente pues pa´ mi es un hermano. Caracoles en Casa Diego allá por Sánchez Arjona, langostinos en el Lolo que tenía una mano sola, y te tiraba dos cañas en menos de cero coma, y un cochinillo en Burguillos por los tiempos de mi boda. Ahora nos vemos poco; pero el poso ya está fijo, y en este mundo de locos, cuando a ratos yo me aflijo, y cuando a veces me enroco y quiero buscar un cobijo, yo llamo, quedo y convoco a mi sabio más prolijo.

