A Andrés Gamino (o lo bueno viene en frasco pequeño)

Venía a rascarse la espalda
cuando yo tenía un Despacho,
cuando la guía aún se usaba
y éramos dos muchachos.

Congeniamos desde siempre,
malagueño y sevillano,
y aunque el móvil ya no atiende,
yo lo llevo siempre en mente
pues pa´ mi es un hermano.

Caracoles en Casa Diego
allá por Sánchez Arjona,
langostinos en el Lolo
que tenía una mano sola,
y te tiraba dos cañas 
en menos de cero coma,
y un cochinillo en Burguillos
por los tiempos de mi boda.

Ahora nos vemos poco;
pero el poso ya está fijo,
y en este mundo de locos,
cuando a ratos yo me aflijo,
y cuando a veces me enroco
y quiero buscar un cobijo,
yo llamo, quedo y convoco
a mi sabio más prolijo.

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