Detrás de unas cejas hirsutas, con pinta de dueño de estanco o cura que pasa el cepillo, ya no mancha de volutas su bigote que ahora es blanco y antes de eterno amarillo. Tiene mirada que engaña y voz de cabo chusquero, y parece que regaña … aunque te quiera sincero. Siempre subió a la cucaña en aquellos mentideros, y a fuer de sus pestañas, permitió nuestras patrañas de notas de gasto y dinero. Ya no quedan en España Scrooges con tanta maña ni con tanto arte torero. Un Sancho metiendo cizaña a su eterno compañero. Hoy honramos las hazañas de este hidalgo y escudero.

