Este era un Gru hinchao un pequeño saltamontes, un soldador jubilao, un niño en cuerpo de hombre. Un delegado de ascensores que vivía en la planta baja, un tío con dos cojones dispuesto a romper la baraja. Un tío que sigue su fila, su honor, su meta y su rumbo, y tiene una mochila que se cuelga de la axila que no cabe ni un gayumbo. Y aunque no le gusta el vino, es una grata compaña, con un arte sibilino oriundo del Sur de España, y tiene un arte muy fino pa´ saber si alguien te engaña. Este era un Gru hinchao en la Ciudad del Caballo, con un corazón a un lao que le entraba de soslayo, y su Ana a su costao a la que entró de trasmallo un cáncer al que han pillao y al que han venció como un rayo. Con gente de este calao si ellos hablan, yo me callo.

