A Juan Camarero González ( entre niños y peroles )

Tenía la frente desierta
y dos ojos bien saltones.
Tenía la mirada despierta
y era una persona abierta.
¡Siempre se van los mejores!

Tenía una voz prominente
como de cabo o sargento,
mujer e hijos decentes,
y de pronto y de repente,
el azúcar en quinientos.

Tenía una cara bien dura
y te hacía caso omiso
cuando llegaba la cura.
Y por Marbella aún perdura
su toque para los guisos.

Tenía, y lo sigue teniendo
su vendaje y su bastón,
y allí donde el cielo eterno
dicen que lo anda blandiendo
si alguien quiere su sillón.

Y tiene por estos caminos
a los cinco y su Pepita,
nietos, amigos, sobrinos:
¡ lo que se da, no se quita !

Y éste, y con esto termino,
al que Ud limpió de espinos
y me dio dos palmaditas.

Si algún día va al endocrino
... y le pilla de camino,
le espero en La Morenita.

Deja un comentario