Tenía la frente desierta y dos ojos bien saltones. Tenía la mirada despierta y era una persona abierta. ¡Siempre se van los mejores! Tenía una voz prominente como de cabo o sargento, mujer e hijos decentes, y de pronto y de repente, el azúcar en quinientos. Tenía una cara bien dura y te hacía caso omiso cuando llegaba la cura. Y por Marbella aún perdura su toque para los guisos. Tenía, y lo sigue teniendo su vendaje y su bastón, y allí donde el cielo eterno dicen que lo anda blandiendo si alguien quiere su sillón. Y tiene por estos caminos a los cinco y su Pepita, nietos, amigos, sobrinos: ¡ lo que se da, no se quita ! Y éste, y con esto termino, al que Ud limpió de espinos y me dio dos palmaditas. Si algún día va al endocrino ... y le pilla de camino, le espero en La Morenita.

