Moraleja, Villa plana donde acudo cada estío; me vale con una semana lejos de las tanganas, del bullicio y del gentío, como un Rodrigo Triana en busca de un fresco río. Metida en la Sierra de Gata ... y al lado de Portugal, siempre fue mi fé de erratas, mi epílogo, mi postdata, el asueto que rescata con toalla y con bañata, con tres tapas y dos latas, con gente sana y jovial. Donde mi mente aquilata, como los posos de nata lo importante y lo esencial. Hago al irme una fogata y rezo porque haya fumata y pueda otra vez regresar. Y por la Vía de la Plata torcer por Cañaveral.


