A la villa de Moraleja

Moraleja, Villa plana
donde acudo cada estío;
me vale con una semana
lejos de las tanganas,
del bullicio y del gentío,
como un Rodrigo Triana
en busca de un fresco río.

Metida en la Sierra de Gata
... y al lado de Portugal,
siempre fue mi fé de erratas,
mi epílogo, mi postdata,
el asueto que rescata
con toalla y con bañata,
con tres tapas y dos latas,
con gente sana y jovial.
Donde mi mente aquilata,
como los posos de nata 
lo importante y lo esencial.

Hago al irme una fogata
y rezo porque haya fumata
y pueda otra vez regresar.

Y por la Vía de la Plata
torcer por Cañaveral.

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