La verdad..., ¡nunca le vi!, y tampoco tuve trato; pero creo que el pedigrí no necesita alegato. Tenía una casa en Marbella y un paraíso en Pechón, un genio en una botella que le daba inspiración, y ahora este genio resuella huérfano de el escritor, buscando él solo las huellas de la figura aquella que en Bolivia fue pintor. Una mirada vetusta, amigos por do quiera, un polo del Masters de Augusta que no lo lleva cualquiera. Marbella es hoy más adusta desde que Arturo se fuera. Me parece cosa justa que a los que Pechón me cedieran, aunque el momento no gusta hoy las gracias yo les diera.


