Lo recuerdo de pequeño allá en la segunda pista con Antoñita Moreno, Que a todos quitaba el sueño y el Nani, que era un artista, se le arrimaba sin frenos. Hoy tiene un negocio de flores del que un día tomó las riendas, un canijo en sus albores con una melena tremenda, una hija que hace honores y es una rockera estupenda, una pick up, dos tractores, siete gorras, tres viviendas, un despacho de asesores a los que él se encomienda... Y en tiempo de virus traidores reza que no haya rumores y Foo Fighters no suspendan. Y aquel niño que un buen día dejó de estudiar temprano, hoy vive sin agonías, feliz, currante y ufano. Y en el 5 de noviembre si hoy entrara por la puerta, Antoñita, la de siempre, se quedaría boquiabierta.

