A Pilarica, o la envidia de Doraemon

      Mi amiga llegaba a la playa
      con familia numerosa,
      sillas, neveras, toallas
      ... y unos vasitos rosas.
      Un yate que en nada infla
      y sobre el agua lo posa,
      no había nada que pidieras
      y no tuviera esa cosa.

      Se giraba, te daba la espalda
      pa' que no vieras la clave,
      y en un pliegue de la falda
      ella escondía la llave.
      Dónde cabían tantas cosas,
      eso... nadie lo sabe.

      El otro día a Doraemon
      lo vieron llorando en la orilla,
      se había quedao sin stock
      y Pilar le dejó una sombrilla.

      Y ya he escuchado rumores
      aunque de eso nadie hable
      que un día miró el horizonte
      tan liso que fue imperdonable
      ... se giró, sacó la llave
      y montó la torre del cable, 
      que se ha quedao como icono
      y nadie sabe que es plegable.

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