A Antonio López Reina, mi Abuelo

Allí por la Calle Espinel 
Antonio jugaba de crío 
y lo pasaba de muerte, 
como hacían los niños antes. 

Al igual que D. Miguel, 
vivió al libre albedrío 
pero nunca tuvo suerte: 
en eso fue otro Cervantes. 

Ciento trece ha que nació. 
Hoy pedí por Amazon 
que a él le hagan llegar, y
 lo hagan con destreza 
en algún rincón del cielo, 
... su tabaco de liar 
y dos quintos de cerveza 
con las marcas aún del hielo. 

Mi abuela está en la cocina, 
hoy consiguió una gallina 
y en el alba hizo fideos. 
Con un poco de Jerez 
hará un buen consomé 
para chuparse los deos; 
con Sole y con María Inés. 

Mi abuelo las ve desde el fondo 
y sabe que algo ha cambiado 
¡Papá puse a Marcos Redondo, 
el de Kraus está rayado! 

A eso de las cuatro 
las tres cierran la puerta. 
Mi abuelo se ha echado un rato 
y ronca allí a boca abierta. 

Luego va al cuarto de baño, 
... allí coge su cepillo
y sus cabellos se peina 
sonriendo ante el espejo. 

Señor a la par que sencillo, 
D. Antonio López Reina, 
un abrazo desde lejos.




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