
Hasta hace pocos meses, desde que era un mequetrefe, me daba la bienvenida... mientras me gritaba ¡ Jeeeefe ! Siempre ejerció de banquero, con más cifras que en el fisco, añorando los senderos, y subiendo al Calvitero dejarse caer por los riscos. Echo de menos su voz y tomar con él un vino. Decirle que fue un honor el tenerlo de padrino. Y solo pedirle perdón porque un tonto como yo dejé de marcar el botón para expresarle mi amor porque no andaba muy fino. Años ha que no lo veo y hace un tiempo se marchó. Estará en el cielo, creo, si allí es dónde van los buenos pues Antonio era un señor. Habrá estado paseando (salió temprano con Juanjo), y bajarán muy despacio con sus gorras para el fresco y sus varas de naranjo. Y llegando al Castañar, mi padre estará esperando, allí sin parar de fumar, bebiéndose un Bitter Kas mientras se van acercando. Dos chatos y dos de jeta para unirse allí a su hermano, que sin gorra y con chaqueta los lleva allí aguardando ya casi treinta veranos. Y después de un calderillo los tres volverán al cielo. San Pedro les dio un rinconcillo para que estos tres hermanos no se echen más de menos.

