A Antonio, Serapio y Juanjo IN MEMORIAM (a mi padre)

Hasta hace pocos meses,
desde que era un mequetrefe,
me daba la bienvenida...
mientras me gritaba ¡ Jeeeefe !

Siempre ejerció de banquero,
con más cifras que en el fisco,
añorando los senderos,
y subiendo al Calvitero
dejarse caer por los riscos.

Echo de menos su voz
y tomar con él un vino.
Decirle que fue un honor
el tenerlo de padrino.
Y solo pedirle perdón
porque un tonto como yo
dejé de marcar el botón
para expresarle mi amor
porque no andaba muy fino.

Años ha que no lo veo
y hace un tiempo se marchó.
Estará en el cielo, creo,
si allí es dónde van los buenos
pues Antonio era un señor.

Habrá estado paseando
(salió temprano con Juanjo),
y bajarán muy despacio
con sus gorras para el fresco
y sus varas de naranjo.

Y llegando al Castañar,
mi padre estará esperando,
allí sin parar de fumar, 
bebiéndose un Bitter Kas
mientras se van acercando.

Dos chatos y dos de jeta
para unirse allí a su hermano,
que sin gorra y con chaqueta
los lleva allí aguardando
ya casi treinta veranos.

Y después de un calderillo
los tres volverán al cielo.
San Pedro les dio un rinconcillo
para que estos tres hermanos
no se echen más de menos.

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