A Margarita Galán Benavente (la erudita tranquila)

Siempre tuvo ojos audaces,
nunca esquivó una mirada,
como esas aves rapaces
que, no sé cómo lo hacen,
otean toda la explanada,

Cuando te mira tú sabes
que ella escucha y digiere,
… lo que oye lo sopesa,
lo procesa en su cabeza
y habla sin que se altere,

Tiene ese hablar elegante
de la gente de Madrid;
de esa forma en la que antes
te hablaban sin ser seseante
… Margarita es su adalid,

Tuvo un día una Academia
donde enseñaba a escribir
a máquina con las teclas:
cuando tú tenías trescientas
ella escribía a casi mil.

Y tiene una sana usanza
si le prestan un escrito:
Ya sea novela o romanza,
ella con arte y con chanza
sus fallos o sus alabanzas
te los deja por escrito.
No es a modo de venganza,
… son notas de un erudito.

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