Si vas bajando el Trapiche y llegas a Independencia, conozco un sitio fetiche donde comer con decencia, Regenta el bar un currante con pinta de Sancho Panza, que aunque no va de elegante tiene un muy noble semblante … y cocina con maestranza, Jose es un tipo serio, siempre preso en los fogones, disfruta su cautiverio y enseña su magisterio entre tapas y raciones, y antes del cementerio tienes que ir por cojones, Dentro tiene un par de mesas, no habrá más de cinco fuera, gambas, ortiguillas, presa, de pescado una remesa, conchas finas siempre ilesas y Victoria en la nevera… Y en un santuario propio colgando en un lado del bar, ha hecho Jose un acopio y se ha hecho su propio altar, Un pañuelo de aquél Cuevas que un día fue concejal, un sombrero del que era “el penalti”, su papá, un guante que se pusiera su Raúl, que ya no está, y un buen bastón de madera del que le metió de veras por la sangre y por las venas las ganas de cocinar: don Juan Camarero, bandera del arte que es enseñar, Y su Noelia a su vera, por si otra vida entera le tuviera que entregar. Si vas bajando el Trapiche y llegas a Independencia, gira antes que la espiches y esto es una sugerencia.

