A David Bravo (mirando al Norte)

Tenían una tienda en las Peñuelas,
los tiempos en que yo subía la cuesta,
cargado con mis libros a la escuela,
sumido en una triste duermevela,
sin ganas de escuchar a la maestra.

Se hizo experto en fundas para dientes,
y vino de Madrid con sus estudios,
pero un día le dijeron ¡vente!,
y decidió seguir a aquella gente
y dejar a los dentistas, sin repudio.

Y un día frisando los cincuenta
como dicen que tenía don Quijote,
cogió un buen día a su parienta,
y juntando la sal y la pimienta,
templaron con buen éxito el capote.

... y hoy tienen a Lucas y a Lucía,
creo que es feliz con su consorte,
y dicen que regentan con maestría,
una mezcla entre taberna y sidrería,
un sitio chulo al que han llamado Norte.



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