A Manolo, o la envidia de Hemingway

Era un tipo autodidacta,
de esos que nunca se rinden,
que te embestía con las astas
y no sabía decir ¡basta!
si hablabas de vino los findes.

Rebosaba de pellejo,
y era un tirilla canijo,
pero si hablamos de hollejos,
... Manolo era, de lejos,
nuestro sabio más prolijo,

En cuanto llegaba el viernes,
se acercaba a su bodega,
cogía cualquier vino en ciernes
y nunca le deja que hiberne,
ya lo ha servido el colega.

De todos los vinos sabía
y a todos se encomendaba,
y después que los bebía,
contigo los compartía
y te los recomendaba.

Dicen que a Ernest, en el lecho,
lo vieron un día hablando solo:
¡no hay nada que no haya hecho,
soy famoso por derecho
y me voy sacando pecho,
disfruté más que el Pocholo!

¡solo estoy insatisfecho
de que hubiera tocao techo
... de abrir una con Manolo!


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