
Era un tipo autodidacta, de esos que nunca se rinden, que te embestía con las astas y no sabía decir ¡basta! si hablabas de vino los findes. Rebosaba de pellejo, y era un tirilla canijo, pero si hablamos de hollejos, ... Manolo era, de lejos, nuestro sabio más prolijo, En cuanto llegaba el viernes, se acercaba a su bodega, cogía cualquier vino en ciernes y nunca le deja que hiberne, ya lo ha servido el colega. De todos los vinos sabía y a todos se encomendaba, y después que los bebía, contigo los compartía y te los recomendaba. Dicen que a Ernest, en el lecho, lo vieron un día hablando solo: ¡no hay nada que no haya hecho, soy famoso por derecho y me voy sacando pecho, disfruté más que el Pocholo! ¡solo estoy insatisfecho de que hubiera tocao techo ... de abrir una con Manolo!

