Llegué a las puertas del cielo, me cachearon en la entrada, me quitaron los desvelos, la casa, el coche, el dinero, las tonterías, las bobadas, ... si he de serte sincero, no me dejaron nada. Lo único que te dejan son los ratos que has vivido, los hilos de la madeja que con tus manos ya viejas en esta vida has tejido. Los besos y los abrazos, las caricias y las risas, aquellos telefonazos en que te diste el gustazo de llamar a alguien sin prisa. Los brindis, los momentazos, tus niños en tu regazo, el partirte la camisa, aquellos primeros flechazos, los corazones de tiza. Los ratos con los amigos, aquellos atardeceres, ... Los "tenía que haber ido", los "quiero llamar y me olvido", puedes tirarlos si quieres, allí San Pedro y Cupido ya no te mandan deberes.

