Llegué a las puertas del cielo, me cachearon en la entrada

Llegué a las puertas del cielo,
me cachearon en la entrada,
me quitaron los desvelos,
la casa, el coche, el dinero,
las tonterías, las bobadas,
... si he de serte sincero,
no me dejaron nada.

Lo único que te dejan
son los ratos que has vivido,
los hilos de la madeja
que con tus manos ya viejas
en esta vida has tejido.

Los besos y los abrazos,
las caricias y las risas,
aquellos telefonazos
en que te diste el gustazo
de llamar a alguien sin prisa.
Los brindis, los momentazos,
tus niños en tu regazo,
el partirte la camisa,
aquellos primeros flechazos,
los corazones de tiza.

Los ratos con los amigos,
aquellos atardeceres, ...

Los "tenía que haber ido",
los "quiero llamar y me olvido",
puedes tirarlos si quieres,
allí San Pedro y Cupido
ya no te mandan deberes.









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