La violinista

Ella rasgaba las cuerdas 
del arco de su violín,
tenía la espalda hecha mierda,
doce euros en la cuenta
y nueve en el calcetín.

Juntaba el violín a su cuello
y le entregaba su alma,
y hasta el último resuello
aquello era todo un destello
de algo perfecto y en calma.

La gente pasaba a su vera,
se giraban y seguían,
algunos echaban monedas,
otros cruzaban de acera;
... pero ella no los veía.

Solo escuchaba las notas
y seguía su partitura,
con sus medias medio rotas,
sin poder pagar las cuotas,
... lejos, sola e insegura.

Y en eso abre los ojos
y ve que no es una falacia,
que una niña, con sonrojo,
la saca de sus despojos
cuando le susurra: ¡Gracias!







Deja un comentario