Cartones en la noche (una historia real)

Lo vi anoche a última hora,
llevaba el rostro azorado,
y oteaba sin demora
una esquina acogedora
donde instalar su tinglado.

No tendría más de cuarenta,
por casa tenía una mochila,
en una noche cruenta
con previsión de tormenta
y una rasca que te rilas.

Y a las tres de la mañana
de pronto empezó a diluviar;
me imaginé su desgana
sin deseo ya de jarana
... yéndose a refugiar.

Espero encontrara a Noé
y lo acogiera en su arca,
y le diera de comer,
una brocha o un pincel
pa´ pintar juntos la barca,
y estando ocupado con él
esquivar mejor la parca.


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