Lo vi anoche a última hora, llevaba el rostro azorado, y oteaba sin demora una esquina acogedora donde instalar su tinglado. No tendría más de cuarenta, por casa tenía una mochila, en una noche cruenta con previsión de tormenta y una rasca que te rilas. Y a las tres de la mañana de pronto empezó a diluviar; me imaginé su desgana sin deseo ya de jarana ... yéndose a refugiar. Espero encontrara a Noé y lo acogiera en su arca, y le diera de comer, una brocha o un pincel pa´ pintar juntos la barca, y estando ocupado con él esquivar mejor la parca.

