A Iván Barra, 52º (¡Perdón!)

Tenía una tienda de gafas,
pero él nunca la quiso,
un agujero en la calva
del que hizo caso omiso,
y no sé si un par de casas
o eran un par de pisos.

Una tienda de animales
con una clientela de lujo,
que no tenía modales,
y para colmo de males,
un inspector de humedades
que un día le dijo: ¡te crujo!

Una hija a la que adora
y a la que cuida con nota,
una barca con eslora
y una cuerda que no flota,
si hay que tirar sin demora
por si hubiera gaviotas.

Y dicen que tiene un badajo
colgando del pantalón
que es un bordón del carajo
y si hay una mujer debajo
siempre le dice: ¡Perdón!

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