Tenía una tienda de gafas, pero él nunca la quiso, un agujero en la calva del que hizo caso omiso, y no sé si un par de casas o eran un par de pisos. Una tienda de animales con una clientela de lujo, que no tenía modales, y para colmo de males, un inspector de humedades que un día le dijo: ¡te crujo! Una hija a la que adora y a la que cuida con nota, una barca con eslora y una cuerda que no flota, si hay que tirar sin demora por si hubiera gaviotas. Y dicen que tiene un badajo colgando del pantalón que es un bordón del carajo y si hay una mujer debajo siempre le dice: ¡Perdón!

