Frisaba con los noventa, tenía los ojitos azules, y en esta vida cruenta donde hay tantos gandules, el Carni canta o revienta pues no le llega la renta por mucho que disimule. Y como un Quijote sin Sancho, y por mucho que le duela, en vez de quedarse tan pancho se baja a la Carihuela, por ver si consigue hoy rancho con que mojarse las muelas. Mas lo que no cambia nunca al ritmo de su tangai ..., lo que te asombra y deslumbra si a su lado allí os sentáis entre toda esa penumbra si tranquilo lo miráis, es esa eterna sonrisa a la que nunca renuncia un caballero de Cai, y que en medio de dos rumbas dijo: ¡Amigo, es lo que hay!

