Al «Carni» ( o la sonrisa es lo último que se pierde )

Frisaba con los noventa, 
tenía los ojitos azules,
y en esta vida cruenta 
donde hay tantos gandules, 
el Carni canta o revienta 
pues no le llega la renta 
por mucho que disimule.

Y como un Quijote sin Sancho, 
y por mucho que le duela,
en vez de quedarse tan pancho 
se baja a la Carihuela,
por ver si consigue hoy rancho 
con que mojarse las muelas.

Mas lo que no cambia nunca
al ritmo de su tangai ...,
lo que te asombra y deslumbra 
si a su lado allí os sentáis
entre toda esa penumbra
si tranquilo lo miráis,
es esa eterna sonrisa
a la que nunca renuncia
un caballero de Cai,
y que en medio de dos rumbas
dijo: ¡Amigo, es lo que hay!

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