A Francisco Montero (engordar para morir)

... él llegaba a su despacho cada día,
dispuesto siempre a dar un buen servicio;
pero ahora solo encuentra la apatía,
malas caras, los reportes, la agonía,
problemas que encontraron un resquicio.

Antaño no pasaban estas cosas,
en el banco se curraba y disfrutaba,
tampoco aquello era color de rosas,
pero sí pasaba una cosa curiosa:
los problemas en la ofi se quedaban.

Y ahora llevas siempre mil mochilas
subiendo por la calle Huerta Chica,
y llegas al Mercado y lo enfilas,
en tu casa tu mujer no esta tranquila,
por mucho que le cuentas y le explicas.

Y tú sientes que todo lo que sabes
se pierde por la falta de paciencia,
de aquellos que sitúan sucursales
sin oír a quien conoce los locales
y tratan de ayudar con su experiencia.

Y al final todo esto tiene pinta
que es mejor callarse y dejarse ir,
tirar de mano izquierda y de finta,

lo tuyo es ya una raza extinta
que dejaron engordar para morir.









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