... él llegaba a su despacho cada día, dispuesto siempre a dar un buen servicio; pero ahora solo encuentra la apatía, malas caras, los reportes, la agonía, problemas que encontraron un resquicio. Antaño no pasaban estas cosas, en el banco se curraba y disfrutaba, tampoco aquello era color de rosas, pero sí pasaba una cosa curiosa: los problemas en la ofi se quedaban. Y ahora llevas siempre mil mochilas subiendo por la calle Huerta Chica, y llegas al Mercado y lo enfilas, en tu casa tu mujer no esta tranquila, por mucho que le cuentas y le explicas. Y tú sientes que todo lo que sabes se pierde por la falta de paciencia, de aquellos que sitúan sucursales sin oír a quien conoce los locales y tratan de ayudar con su experiencia. Y al final todo esto tiene pinta que es mejor callarse y dejarse ir, tirar de mano izquierda y de finta, lo tuyo es ya una raza extinta que dejaron engordar para morir.

