
Venía presto a saludarme cada vez que me veía, era un perro de gendarmes que vino para enseñarme lo altruista que es un guía. Tenía una mirada profunda sobre unos ojos acuosos, hoy los recuerdos me inundan, y de esa historia fecunda siempre me quedan los posos. Dicen que un año de un perro equivale a siete nuestros, a ese dicho yo me aferro, y afirmo sin ningún yerro que mi Tico era un maestro. Quisiera darle un abrazo pero tendrá que esperar, dicen que en su regazo, en el cielo el gran jefazo lo llamó pa´ trabajar, aunque yo siempre un retazo guardo entre el costillar. Hoy sería su cumpleaños y yo le recuerdo despierta, y sé que al guardar al rebaño donde ya no hay más peldaños, mira a mi cuarto huraño allí con San Pedro en la puerta. Y por si voy a darle un baño siempre la deja entreabierta.

